viernes, 2 de septiembre de 2011

UNA VISITA FRUCTÍFERA

Me alegra mucho, como a todos los creyentes, que Su Santidad visite nuestro país. Los que pensamos que no solo de pan vive el hombre consideramos este hecho de extraordinaria importancia. Pero mira por dónde descubro que a los que están en contra también les ha servido de algo: han desarrollado su capacidad matemática hasta el punto de descubrir que con los gastos de la visita podrían haber cobrado 120.000 personas una ayuda de 426 € semanales. ¿Estos gastos son los únicos que sirven para pagar ayudas? Incorporemos estos otros: banquetes de miles de euros, prejubilaciones pagadas con el dinero destinado a los parados, teléfonos móviles usados a discreción, coches oficiales que en algunas ocasiones ni se usan, viajes al extranjero programados por nuestra clase política en función de su desconocimiento (no se puede perder la ocasión para hacer turismo), redecoración innecesaria de lugares a costa del bolsillo del sufrido contribuyente, ayuntamientos endeudados hasta el punto de no tener ni luz. Y esto, observando el triste panorama, sería la punta del iceberg. Con un canto me daría en los dientes por conocer el uso que se ha dado a mis impuestos; por saber quién se ha aprovechado o ha dilapidado lo que no es suyo. Sin embargo, los únicos gastos que se ven con claridad son los de la visita del Papa. ¿No habrá un trasfondo de envidia? ¡Cuánto darían por tener este poder de convocatoria!

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