lunes, 21 de septiembre de 2015

VUELTA AL BLOG Y PREGÓN DE JAMILENA 2015

          Vuelvo al blog después de mucho tiempo con grandes ganas de retomar esta actividad y poder compartir con vosotros numerosas ideas como ya suelo hacer a través del Diario Jaén. Como sois muchísimos los que me lo habéis pedido, en esta ocasión quisiera compartir el texto del Pregón de las Fiestas en honor a Nuestro Padre Jesús Nazareno de Jamilena.

Como muchos sabréis, fue elegida para tan gratificante tarea y para mí fue un honor poder "pregonarlo", nunca mejor dicho, delante de todos aquellos que quisieron acompañarnos el pasado 12 de septiembre de 2015 en el Auditorio Miguel Ángel Colmenero. Para leerlo sólo tenéis que pinchar a continuación en "pincha aquí para seguir leyendo". Muchas gracias por haberme elegido y que lo disfrutéis. 



PREGÓN DE LAS FIESTAS EN HONOR A NUESTRO PADRE JESÚS PATRÓN Y ALCALDE PERPETUO DE JAMILENA
12 DE SEPTIEMBRE DE 2015


Sr. Alcalde y demás miembros de la Corporación del Excmo. Ayuntamiento de Jamilena. Estimadas Reina de las Fiestas y Reina de las Fiestas Infantil, así como sus correspondientes damas de honor, familia, amigos, Sras. y Sres.


           No sé exactamente si era el día 2 o el 3 de junio, pero para el caso es lo mismo, recibí en mi teléfono un mensaje que empezaba diciendo “Sería un honor…” y acababa con las palabras “ser la pregonera de tu pueblo, Jamilena”. En ese momento lo apagué, porque creía que me había confundido y que la cosa no iba conmigo. Pasaron unas horas, volví a mirarlo y las últimas palabras, las que me invitaban a hablar de mi pueblo, me impresionaron, y despertaron en mí un sentimiento de gratitud. Me sentí justamente obligada a agradecer y a pregonar, nunca mejor dicho, todo lo bueno que Jamilena me ha dado y como consecuencia todo lo feliz que soy y he sido aquí.


Después hice malabarismos con el lenguaje y se me ocurrió formar una circunferencia con el principio y el final del mensaje y pensé: “lo que es un honor es ser de mi pueblo”. Ya tenía la justificación para estar aquí; aun así me faltaba algo, no sabía qué, pero la circunferencia estaba sin cerrar. Ya saldría, sin prisas… y salió. Pensé en mis padres, en lo que ellos hubieran opinado si hubiesen vivido y en ese momento se convirtió en un anillo de compromiso, compromiso voluntariamente adquirido con las personas que habían confiado en mí y con nuestro pueblo, que al final, somos todos.


Vosotros me habéis dado la palabra a mí y yo quisiera darle la palabra a Jamilena. A partir de ahora será vuestra chiquita y bonita quien os hable en este pregón. Quiero que sea ella la que cuente en primera persona lo orgullosa que está de sus jamilenúos y jamilenúas y lo que valora los esfuerzos que se hacen para que se sienta una privilegiada. Desde este momento cedo la palabra a nuestro pueblo.


         No quiero ir demasiados años atrás, pero me gusta comparar para valorar justamente lo que tengo y cómo estoy actualmente. Ser pobre no es ninguna vergüenza, es una circunstancia, y en los años en que era pobre no teníais ni para asfaltar mis calles. No pasaba nada, era lo que había y a pesar de las carencias procurabais tratarme lo mejor posible como siempre habéis hecho. Las escuelas, humildes; recuerdo el frío que hacía en los inviernos porque yo soy chiquita, pero mis sierras hacen que esté más alta que los demás.


Mis niños iban como se describe al gran poeta Miguel Hernández, pelados a lo colegial, y mis niñas con las trenzas largas para hacer como la princesa del cuento, echarlas por la ventana de la torre y que subiera por ellas su príncipe azul. Adquirían valores gracias a una máxima que se escribía debajo de la fecha cada mañana. Aprendían lo básico, a leer, a escribir y a manejarse con los números. Todo un lujo, ya que sus padres y abuelos en la mayoría de los casos habían tenido que trabajar desde pequeños y no habían asistido nunca al colegio. Indiscutiblemente lo mismo se diría de sus abuelas y sus madres.


No tenían un patio de recreo, pero la naturaleza se convertía en el parque más espléndido que pudieran imaginar, con sus charcas, sus albercas, sus huertas, las huertas con nombre propio, la de Pepe Tomás, la del Vela, la del Marchante, la del Tomás y de la Paca… ¿Cuántos habéis nombrado cientos de veces  la fuente de “El Álamo”? ¿Cuántos buenos momentos habéis pasado en ella?  Los árboles de tan generoso parque también les ofrecían sus ramas para columpiarse. Ningún problema había mientras no apareciera el dueño y reconociera a alguien. Llegar a casa, comprobar que su madre estaba informada y recibir “un premio” era como tocar una ficha de dominó y ver con la rapidez que se caen las demás. Cuando la ocasión lo merecía, esas madres coraje sacaban el título de psicólogas que les había otorgado la universidad de una vida muy dura. No había entrevista previa, no había nada que preguntar, un vecino se había quejado de lo que consideraba un mal comportamiento y eso era todo lo que necesitaba saber. ¡Qué madres más poderosas son mis jamilenúas cuando la ocasión lo requiere! Fueron, son y serán las precursoras de las delegadas.


El trabajo era muy duro y los padres, que trabajaban de sol a sol, tenían total confianza en ellas como educadoras y ellas lo hacían lo mejor que podían y sabían.
Pero no quiero desviarme de los preciosos recuerdos de mis niñas cosiendo por la tarde guiadas por sus maestras (Dña. Dulcenombre, Dña. Eugenia, Dña. Luisa) mientras hacían las flores en el mes de mayo. Una rosa de una vecina, otra que se cogía de algún rosal que la casualidad ponía a su alcance, alguna rama verde que brindaba el campo y así hasta ver a su Virgen colocada en el mejor altar que unos ojos infantiles podían imaginar. Completaban la escena las canciones que de seguro irían de la escuela al cielo, porque al cielo llega todo lo que se hace de corazón.


En estos años D. Manuel Bueno, D. Francisco, D. Manuel Carreras… todos, hicieron también una labor encomiable con sus alumnos, que no eran pocos. Sólo hay que ver las fotos y ponerse a contar. No pasó mucho tiempo, al menos así me lo parece, y me encuentro con mis calles asfaltadas y con alumbrado nuevo. ¡Qué bien me habéis tratado siempre! Hasta me hicisteis más grande, para que la mayoría tuviera una casa donde vivir. Y en estas casas, como en todas las demás, disfrutabais de mi agua, esa riqueza que siempre he cuidado para vosotros y os he ofrecido con generosidad. Ya no había que ir (con el esfuerzo y el sacrificio que eso suponía) a la glorieta y a la Fuente Mayor, ni a por agua, ni a lavar. Mi agua ha hecho que mis tierras den los mejores frutos y  ha dado lugar a que se diga que la belleza de las jamilenúas se la deben a ella.


Vuestra vida iba a ser con esto algo más cómoda y yo sería feliz viendo vuestro progreso. Era como si una ventana se abriera y dejara entrar la luz. Era como si vivierais un Renacimiento humilde, pero renacimiento al fin y al cabo. Disteis un paso más y pasasteis de las escuelas a los institutos y a la Universidad. ¡Cuánto sacrificio requería el desplazarse diariamente! Ya sabéis, y si no os lo recuerdo, que tengo por lo menos 2.500 años (hay quien dice que más), por eso se me olvidan muchas cosas. Sin embargo de esta época, no sé por qué, me acuerdo de un grupo de amigos y amigas que me dieron muchas alegrías: Rosa Mari, Mari Garrido, Chelo Bueno, Amadori, Encarna, Ana Mari, Dami, Rosarito, Juani, Domingo, Pepe Checa, Nacho, Manolo, Paco Barranco…y muchos más que se fueron a vivir fuera por motivos de trabajo en la mayoría de las ocasiones. Coincide con ellos lo que yo consideraría una pequeña revolución cultural. Ya no estudiabais los que teníais la suerte de tener cierto poder adquisitivo, ya la oportunidad de ser alguien en la vida dependía más que nada del esfuerzo personal, eso que es irreemplazable cuando queremos conseguir algo.


¡Qué gran cosa es que todo no lo pueda y no lo compre el dinero!  Se empezaron a representar obras de teatro; unas como simple entretenimiento y otras porque mi iglesia, ese joyero que con tanto esmero habéis cuidado siempre, esa catedral en miniatura, tenía problemas. Y como os he dicho al principio que es justo comparar para valorar lo que tengo ahora, me siento obligada a recordaros que no dejéis de sacar el billete para el futuro en el colegio y en el instituto de los que tan orgullosa me siento y espero que vosotros os sintáis lo mismo. Tanto en uno como en otro tenéis preparado el equipaje. Entiéndase por equipaje, un lugar en el que estudiar, el material necesario y unos maestros y profesores que irán siempre a vuestro lado y serán vuestro apoyo.  Pero para llegar a la próxima estación hace falta esfuerzo. No podéis, mejor dicho, no debéis bajaros en mitad del camino. Es imperdonable e incomprensible que haya abandono escolar y que tanto esfuerzo por parte de la sociedad quede en nada. Yo quiero que estéis dispuestos a dar más de lo que recibís. Sólo la educación, la cultura y el trabajo os harán libres. Por eso tenéis que tener el billete preparado, porque el tren pasará en algunas ocasiones, tarde, pero pasará. Podéis pensar que tengo mucho amor propio y pensáis bien.


Quiero ser admirada por mis pueblos vecinos y poder decir: “Ese médico es mío y esa profesora mía y esos maestros, míos”… Lo mismo que digo “esas hortalizas que se meten por los ojos son de mis hortelanos y esos olivos tan bien cortados están en mis tierras y mis ajeros son insuperables…” porque son las personas las que hacen a los pueblos, no los pueblos a las personas. Soy lo que soy gracias a vosotros y quiero ser cada día mejor.


 He dejado para el final a mis músicos y mis músicas. ¡Qué sería de mí sin ellos! Son la alegría de mis casas, de mis calles, de mis fiestas… Les agradezco en el alma cuántos sacrificios hacen para que cualquier acto sencillo se convierta en algo majestuoso, como diría nuestro querido D. Juan.


Ya soy muy mayor y aunque procuro acordarme de todos, y agradezco en el alma su dedicación, nunca olvidaré a Miguel Ángel, que tan grande me hizo y que tantos sacrificios me dedicó. Permitidme que le dedique un poco más de tiempo a su recuerdo. Él, que llevaba a gala decir que nació para la música, fue mucho más grande de lo que os podéis imaginar.


La Reina Doña Sofía lo llamaba a su palco para felicitarlo después de cada actuación como solista en el Teatro Real. Eso lo presenciasteis muchos de vosotros porque su generosidad ha hecho que disfrutéis de la MÚSICA con mayúsculas, siempre que ha estado en su mano, le costara lo que le costara. Y algunos recordaréis, y si no os lo recuerdo yo, haber dormido en el mismísimo Teatro Real gracias a Miguel Ángel. ¡Qué lujo asistir a un concierto en primera fila! Y por último, reconocer que sólo gracias a tener a uno de los mejores trompas del mundo, habéis podido disfrutar en vuestra feria de los conciertos de la Orquesta de Cámara, en la iglesia; algo único e inolvidable.


           Aprovechando el tema de la música y la relación que tiene con ellas, reconozco que para lo que sois insuperables es para organizar las fiestas como se merecen. Me maravillan vuestros protocolos, son de matrícula de honor. No hay nada dejado a la improvisación, las cosas hay que hacerlas como se debe y así se hacen. Y en este punto me gustaría hacer un pequeño recorrido por aquellos lugares y aquellas fiestas que en un tiempo no muy lejano, contribuyeron a que sobrellevarais mejor la rutina diaria. El día de fiesta era el domingo, y mi Paseo de la Fuente se llenaba de alegría, de confidencias, de risas, de cucuruchos de canela, de jazmines.


Más adelante fue la calle Llana la que vio durante horas el ir y venir de una pequeña marea humana que parecía no tener fin. ¡Cómo olvidar las pipas de nuestra inolvidable “Chipilina” y las chucherías del quiosco de Luis! Poco a poco formaron parte de vuestras diversiones los bares de Crispín, de Antoñillo, del Niño Pepe y el Bar Nuevo. ¡De cuántas risas fueron testigo! No quiero dejar pasar lo que representó en su momento el cine de Luisito. Apartar las cortinas de terciopelo azul para entrar, era como separar la realidad del mundo de los sueños. Y soñar es necesario.


Y despertando, y volviendo a la actualidad, cómo disfruto de veros compartir en familia y con los amigos, lo que durante tanto tiempo habéis preparado para la romería de S. Isidro. ¡Y pensar que hubo un tiempo en que no subía nadie! Y esa Semana Santa, cuidada en el más mínimo detalle, para recordaros el camino que siguió Jesús hasta morir en la Cruz en el mayor acto de generosidad jamás conocido. Los anderos y anderas deben sentirse unos privilegiados, porque un privilegio es que las imágenes recorran mis calles y las llenen de bendiciones, de rezos, de recuerdos, de arrepentimiento. Dejad que les dedique a las anderas y  a quien ha hecho posible que puedan llevar a Jesús, un recuerdo especial. Ellas son el ejemplo de que donde no llega la fuerza física, llega la devoción y la fe. Enhorabuena y gracias tanto a unos como a las otras. Y así continuaría con el Corpus, el día de la Candelaria, la Pascua Mayo…


No voy a repetir que para mí sois únicos para vuestras celebraciones, pero os voy a contar que hay algo que echo de menos: mis Navidades de antes. Mi Navidad con las calles llenas de gente, cantando, tocando, riendo…y si hacía falta, hasta bailando. Mi Navidad con los bares llenos de alegría, de villancicos, de felicitaciones y con su Misa del Gallo. Ahora todo es silencio. Celebrarlo en familia, pero no perdáis la costumbre de alegrar mis calles… ¡qué largo me viene verlas vacías cuando todo debe ser alegría!


Todo me llena, todo me alegra… ¡pero no sería nada sin mi DÍA DE JESÚS! Yo no tengo feria, yo tengo el “DÍA JESÚS”, así, sin la “de”, como lo decís vosotros. Llega septiembre y llega el olor a limpio en los patios blancos, en las fachadas, en las casas, cuyas puertas se abrirán de par en par para invitar a Jesús a entrar en ellas y que no quede un rincón sin ser bendecido. Llega septiembre y llega el ir y venir a la puerta de la calle; hay que asegurarse de que el carrusel ha pasado y os estará esperando para hacer un viaje mágico cuando salgáis a lucir vuestras mejores galas. Llega septiembre y el aire se llena de olores, de sabores y de música, que aun siendo iguales, nos parecen únicos. Los compartiremos con los amigos y familiares de siempre y con los que esperaron todo el año para venir a vernos y ver a Jesús. Quien no haya comido en familia un arroz de conejo el día 14, no sabe lo que es disfrutar y lo que es alta cocina. Por las noches, una gigantesca caja de música, os invitará durante horas a bailar. Esa pista redonda parece eso, una caja de música que os llama y a cuya llamada no os podéis resistir. ¡Cómo os gusta el baile!


Pero nada, nada es comparable a la solemne Fiesta Religiosa y a la Magna Procesión de Nuestro Patrón, Nuestro Padre Jesús Nazareno. Nada es comparable a la salida de Jesús, el repique de campanas y la banda tocando el himno de España. Ese Jesús que os mira y os bendice estéis donde estéis, esas campanas que parece que discuten a ver quién repica más fuerte, porque las campanas hablan, y esa música que os invita a dar gracias, a pedir y a prometer durante todo el recorrido, eso, eso es algo impagable.


Porque esa procesión sobria y elegante y a la vez colorista y alegre, es un museo al aire libre, un cinturón de piedad y de promesas, que da la bienvenida a cientos de personas que vienen a formar parte de ella siempre que pueden. Mi más sincero agradecimiento a todos lo que colaboran para que esta incomparable procesión esté en mis calles. Los pueblos también tenemos nuestras debilidades y nuestros agradecimientos especiales. Gracias a Juan José, a Juan y a Antonio Jesús.
                    
Quiero que todos digan: “Jamilena huele a Día de Jesús, sabe a Día de Jesús, es EL DÍA DE JESÚS”.


Queridos jamilenúos y jamilenúas, vuestro pueblo es lo que es gracias a vosotros y vosotras. Debería llamarme Jamilena la Real porque me tratáis como una reina. El honor ha sido mío. Muchísimas gracias.


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