lunes, 5 de septiembre de 2011

PÁRROCOS A LA CARTA

Desempolvemos las lupas y pongamos a trabajar nuestro espíritu detectivesco, porque tenemos párroco nuevo. Nuestra altura de miras no da en la mayoría de los casos para ver en él a un representante de Dios; mejor dejamos la mirada ramplona y el detective que llevamos dentro se pone rápidamente al día, sobre todo de cualquier error que haya cometido, porque si de alguna vida nos creemos dueños y señores y con derecho a todo es la de nuestro párroco. Nadie es tratado con tanta severidad ni se critica con tanta amplitud, ¡y mira que tenemos todos cosas que mejorar! Pero nos reservamos la parte ancha del embudo, la viga de nuestro ojo se nos hace más llevadera y así no vemos nuestros defectos. Debemos considerarnos hijos amantísimos y respetuosos, padres responsables y en todo momento pendientes de nuestros hijos; feligreses cumplidores como cristianos; ciudadanos de conducta cívica e intachable. Si somos así, adelante, a criticar todos los errores de los demás, pero si tenemos que mejorar en tanto, dejemos esa actitud de perdonavidas, que nuestros párrocos no son de nuestra propiedad y también hacen mucho bueno a pesar de los errores que como humanos puedan cometer. No nos creamos en posesión de la verdad, seamos humildes y demos a cada persona su lugar. No tenemos ningún derecho a preparar billetes de vuelta porque muchos de nosotros mereceríamos ir en el mismo vagón.

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